Tienes un email

Todos recordaréis la película «Tienes un email», en la que aparecían tan ilusionados Meg Ryan y Tom Hanks cada vez que recibían un mail. Sin embargo, esta ilusión no se traslada al sector del arte cuando las Administraciones públicas reciben proyectos expositivos por mail, ya que en realidad sobran todos esos correos electrónicos porque la programación pública ya está decidida.

Lo cierto es que cada Administración Pública debería disponer de un reglamento que regulara el uso de las salas de exposiciones, pero en la práctica, dentro de la misma Administración local, el acceso a algunas de las salas de su propiedad no está regulado. En este caso, lo que se indica a los artistas interesados en exponer en estas salas, gestionadas indirectamente por los Ayuntamientos, es que han de enviar su proyecto expositivo por correo electrónico para su valoración discrecional.

Esto resulta inaudito para la mentalidad de una jurista administrativista como yo, puesto que significa que el procedimiento administrativo con todas las garantías legales brilla por su ausencia, y que al no limitar con normas la discrecionalidad de la Administración para seleccionar a los candidatos, se otorga el poder de elegir a quien se quiera, por las razones que sea y sin tener que hacer pública tal decisión. Algo lógico en el sector privado, pero alarmante en el sector público, teniendo en cuenta que aunque las propiedades del Estado sean de titularidad de las Administraciones Públicas, como ciudadanos financiamos esas propiedades y elegimos a los que las gestionan por nosotros, de lo que se deduce que deberíamos tener algún derecho sobre esas propiedades.

En resumen, enviar un email es el derecho que tienen los artistas para exponer en algunas salas públicas; un email que las Administraciones Públicas pueden leer y contestar con buenas palabras si les apetece, y si no les apetece, dejarlo sin contestar.

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