Si no te ven, no existes

Si no te ven, no existes”, decía la artista Luz de la Calle en su entrevista para The Biombo.

Las obras de arte nacen para ser contempladas, pero desgraciadamente no todas logran su objetivo. Hay muchas que mueren tristemente sin haber recibido más miradas que las del propio autor. Llegar al espectador es difícil porque depende de la visibilidad que conceda la sociedad a los artistas y esta visibilidad está condicionada por el derecho de propiedad.

En el lenguaje jurídico se diría que el artista tiene la carga de la prueba de que es merecedor de atención. Y resulta ser una carga porque implica diligencia para entablar relaciones de valor con los coleccionistas de arte y con los líderes de las plataformas de arte. De sí mismos depende en gran medida su éxito en el mercado del arte, y se trata de una presión añadida, porque no es fácil ser elegido para mostrar arte en espacios con público.

Las personas existen desde que nacen y tienen capacidad para ser titulares de derechos y de obligaciones, pero las obras de arte son cosas y de la habilidad de los artistas para ejercer derechos y obligaciones depende que puedan ser visibles y existir como objeto contemplativo para una pluralidad de espectadores. No basta solo con ser autor de una obra de arte, sino que para ejercer los derechos de propiedad intelectual inherentes a la autoría, hay que tener la oportunidad de darse a conocer al mundo.

A los que llevamos tiempo intentando con éxito limitado hacernos visibles en el mercado del arte, nos surge la siguiente pregunta: ¿Es el elitismo en la visibilidad mediática un obstáculo a la igualdad de oportunidades o una forma eficaz de preservar el patrimonio cultural de generación en generación a través de una colección de arte que sea numerus clausus para que pueda ser recordada?

Después de todo, es más seguro en términos de rentabilidad difundir las obras de arte que ya se han dado a conocer al público, porque ya tienen audiencia interesada en ellas y es lo que la opinión pública ya ha aceptado como noticia de interés y como integrante de su patrimonio cultural. No obstante, al mismo tiempo es más injusto en términos de igualdad, porque las obras desconocidas no tienen cabida en una sociedad de la información en la que los espacios de máxima audiencia no están hechos para los artistas de mínima audiencia y en la que los espacios de mínima audiencia no pueden ayudar a los artistas a maximizar su audiencia.

¿A quién acudir entonces? Lo cierto es que a pesar de que pueda parecer que el artista profesional tiene el poder de hacer buenas elecciones para hacerse visible, depende enteramente de los directores de las plataformas de arte de máxima audiencia que lo sean. A la opinión pública mayoritaria no accede cualquiera y en la efectividad del derecho de visibilidad reside la lucha de los artistas por hacer carrera en el mercado del arte. Podríamos decir que en la era digital las artes visuales son arte cuando son visualizadas, porque si no te ven, no existes.

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