La minoría no decide

Hoy en día resulta incuestionable la bondad de la democracia como sistema político modélico para la protección de los derechos fundamentales y de las libertades públicas. Además, se da por supuesto que todos los derechos

Hoy en día resulta incuestionable la bondad de la democracia como sistema político modélico para la protección de los derechos fundamentales y de las libertades públicas. Además, se da por supuesto que todos los derechos reconocidos en el ordenamiento jurídico se pueden ejercer, en el marco de una sociedad bucólica en la que todos los ciudadanos pueden conseguir lo que se propongan con verdadero empeño, porque todos son iguales ante la ley, que es la expresión de la voluntad popular.

Sin embargo, como dice el refrán, las apariencias engañan, porque no es oro todo lo que reluce, y es que en democracia la minoría no decide, lo hace la mayoría. Este modelo de toma de decisiones no resulta problemático en aquellas materias en las que existe un amplio consenso, pero sí lo es en materias como las artes visuales, que suscitan un interés reducido en la opinión pública española, lo que dificulta que la mayoría parlamentaria quiera tomar decisiones sobre los asuntos públicos que afectan a los profesionales del arte.

Y es que en verdad, no se puede representar políticamente algo que el representado no considera una preocupación pública, así como tampoco se puede obligar a la mitad de españoles, que en la actualidad no acude a exposiciones de arte, a que desee mejorar las condiciones de vida de los profesionales del arte, cuando no le interesa lo más mínimo.

Así que lo cierto es que en democracia la carga de formar y de manifestar una opinión pública favorable al progreso de las artes visuales en España recae en la otra mitad de españoles a los que sí que les interesa el arte en nuestro país, que tienen la difícil misión de convencer a la mayoría, de los beneficios de invertir en arte.

Después de todo, la minoría no decide, pero sí persuade.

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