OPINIÓN

Experimentos con los BIC

Posted by Sara Sanz Aldea

El Claustro renacentista del Centre del Carme de Cultura Contemporània (CCCC) en Valencia amanecía el 19 de febrero de 2019 con un grafiti de casi 1000 metros cuadrados, obra de PICHIAVO y parte de la exposición “Evreka”, organizada por el Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana con la colaboración del Ayuntamiento de Valencia.

El 4 de junio de 2022 José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana, amanecía condenado a pagar 1080 euros por un delito leve de daños imprudentes en el patrimonio causado por la aprobación de esta intervención artística. Decidía no recurrir la sentencia alegando la irrelevancia de la cuestión y reivindicando la expresión libre del arte.

Este hecho muestra la importancia de ser minucioso en el procedimiento de autorización de intervenciones en Bienes de Interés Cultural (BIC) especialmente protegidos, con el fin de evitar no solo el deterioro irreversible de estos conjuntos histórico-artísticos, sino también con el objeto de garantizar su conservación en buen estado.

Cuando se es responsable de la gestión de un Bien de Interés Cultural, la reprobación de la misma sí que es relevante y la expresión del arte en él no es libre, sino que está sujeta a las restricciones que se establecen en la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano, en este caso.

La fusión del arte urbano con el arte clásico puede resultar bonita, e incluso conveniente, pero ha de hacerse en un enclave que no empeore tras la intervención artística. Precisamente es importante su protección para que pueda acoger en las mejores condiciones numerosas intervenciones artísticas a lo largo de los años.

Este mensaje es con el que hay que quedarse: “no se trata de una guerra política entre contrarios, sino de la protección de un bien común entre iguales”.

Los BIC no admiten experimentos.

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