ENTREVISTAS

Entrevista a Fernando Gómez de la Cuesta, Comisario de “One Project” en Art Madrid 2020

Posted by Sara Sanz Aldea

Fernando Gómez de la Cuesta es crítico de arte en ABC Cultural, comisario independiente de exposiciones, investigador y docente. Licenciado en Historia del Arte por la UIB y en Derecho por la UB, ha sido Director del festival de fotografía PalmaPhoto, Comisario de la Feria de Arte Contemporáneo MARTE de Castellón (2018) y Comisario de One Project para la Feria de Arte Contemporáneo Art Madrid (2020).

Gracias a esta entrevista he podido conocer más de cerca sus pensamientos sobre el momento presente que atraviesa el arte y reflexionar con él sobre la importancia de la educación artística en edades tempranas, sobre la consideración social del coleccionista de arte, sobre la reflexión en calma y sobre la misión que ha de tener cada exposición en la carrera profesional del protagonista de esta historia de arte: el artista.

1.- ¿Cuál es la finalidad de “One Project” dentro de Art Madrid? ¿Pretende la propuesta “Salvajes. La cage aux fauves” poner en valor la precariedad inicial de los artistas que defienden un estilo que no es tendencia comercial o su posición como creadores de tendencias en potencia que conviven con la moda actual?

Bueno, empezando por el final, creo que ni lo uno ni lo otro, aunque puede ser que tenga algo de ambas cuestiones. Es cierto que “Salvajes. La cage aux fauves” pretende analizar desde una perspectiva crítica las formas y los conceptos que dominan el mercado, las modas, las tendencias y las corrientes mayoritarias, la dictadura de la globalización y el mainstream, pero también pone su foco sobre las ferias y el mercado como instituciones legitimadoras de las carreras profesionales de los artistas. Para ello, “Salvajes”, realiza una selección de creadores resistentes, diferentes, que deciden transitar caminos alejados. El proyecto toma como punto de partida conceptual una referencia histórica: aquella dicotomía clásica que se daba entre los grandes salones oficiales y los artistas que subvertían el estado de la cuestión, bien desde su participación convulsa en los mismos –una participación violenta académicamente hablando- o bien generando nuevos dispositivos alternativos como los salones des indépendants o des refusés, donde podían desarrollar todas aquellas “otras maneras” de hacer arte. Una analogía que actualiza esa fricción que se daba entre la presentación institucional y social de las nuevas obras y su recepción por parte del sector, de la crítica y del público, posicionándose en aquellos intersticios donde se produce la ruptura con la convención, con la norma y con lo establecido, en los que aparece lo raro, lo singular y lo diferente, donde entran en colisión lo esperado y lo inesperado, lo aceptado, lo aceptable y lo inaceptable. Quizás ahora, el peso de la tradición, ha sido sustituido por la asfixia de esas modas y tendencias, mientras que las ferias, en una hipótesis algo simple pero no exenta de ironía, se convierten en esos nuevos “salones” que se encargan de legitimar o defenestrar al artista a partir de la tiranía de un mercado sin concesiones ni remordimientos, donde impera el sometimiento a las corrientes mayoritarias, a la estética dominante, a la globalización, a las revistas de diseño, a instagramers e influencers, a la repetición hasta la náusea de los modelos, de las formalizaciones recurrentes y de las fórmulas de éxito.

Contestando a tu primera pregunta te diré que hace tiempo que Art Madrid inició una serie de programas de carácter transversal como este One Project, no sólo como un medio para incorporar a la feria una selección de nuevos artistas y de nuevas galerías que van generando el cambio de perfil meditado, acertado y en constante crecimiento que se está dando; sino también como un instrumento que tiene la finalidad de establecer unos espacios adecuados para esa clase de investigación que pone su prisma en aspectos concretos de la creación contemporánea, analizándolos desde el sosiego, el debate y el rigor. Es de agradecer que una feria de arte sumida en la vorágine del mercado y de la competencia, habilite y promueva objetivos tan pertinentes, pero a la vez tan costosos de mantener en el tiempo y en el esfuerzo.

 2.- En mi breve periplo por el mundo del arte, me he percatado de la concentración de galerías de arte en grandes ciudades como Madrid y Barcelona y la escasa presencia en regiones como Castilla y León. ¿Crees que existen desequilibrios territoriales en el Sector del Arte que dificultan la cohesión económica y social y que suponen un lastre para su desarrollo y protagonismo en el modelo productivo español?

En prácticamente todos los sectores profesionales existe este desequilibrio territorial y en un tejido tan precario como el de la cultura se nota aun más. Desgraciadamente nuestra estructura, la del mundo del arte, es tan insignificante –aunque a muchos les parezca otra cosa- que no sé si podemos conectarla con términos tan grandilocuentes como “cohesión económica y social” o “modelo productivo español”. Lo evidente es que, si ya es muy difícil desarrollar carreras profesionales desde foros cualificados como puedan ser Madrid o Barcelona, imagínate desde la periferia o desde la doble periferia que padecen algunos contextos geográficos. Yo trabajo desde una periferia singular, un pueblo de Mallorca llamado Artà, y habitualmente lo hago entrando en contacto con otros lugares y con otros agentes periféricos, generando una red de trabajo, pero también de solidaridades, que nos ayuda a salir adelante.

Creo en las ferias de arte como nódulos activos de esa red, como generadores de una actividad interesante para artistas, galeristas y comisarios de contextos más o menos excéntricos, pienso que son buenas oportunidades de enseñar nuestros proyectos en otros lugares y tratar de darles una salida comercial. Esa es una tarea que emprende Art Madrid, pero también otras ferias para las que he trabajado como MARTE en Castellón. De hecho, “Salvajes”, el One Project que he preparado para Art Madrid, es un buen ejemplo de todo ello, una propuesta que se ha construido gracias a dos galerías de Baleares (MA arte contemporáneo y Kaplan Projects) que representan a un artista mallorquín y dos tinerfeños (Andrés Planas, Juan Carlos Batista y Santiago Palenzuela), un espacio de Canarias (Galería ATC) que aporta a una artista israelí y a otro lanzaroteño (Alona Harpaz y Nicolás Laiz), Plastic Murs de Valencia que acude junto a otros dos valencianos y un andaluz (PichiAvo y Julio Anaya Cabanding), mientras que la madrileña DDR trae obra de dos artistas de Madrid (Virginia Rivas y Roberto López), aunque Virginia trabaja desde Extremadura.        

3.- En tu búsqueda de soluciones a la precariedad a la que se ven sometidos algunos profesionales del sector del Arte, mencionas como herramientas la pedagogía, la educación y la intermediación para incrementar el interés de la sociedad hacia la creación cultural. ¿Qué acciones crees que debería emprender España para asimilarse a países con grandes coleccionistas como Reino Unido, Estados Unidos, Francia o Italia?

Para nosotros es recurrente hablar de IVA cultural, de Ley de Mecenazgo, de incentivos fiscales o de la obligatoriedad del porcentaje cultural en grandes obras públicas, un mantra que de tanto repetirlo se vuelve inocuo al no pasar de ser un mero enunciado. Esos resortes, bien planteados, desarrollados y aplicados, pueden procurar un coleccionismo amplio, activo y constante, pero lo cierto es que, a día de hoy, no podemos competir con otros países que poseen estructuras más consolidadas, otras regulaciones más favorables, otro tipo de estímulo para el coleccionismo y otra consideración social para el coleccionista, para el artista y para la cultura en general.

Y sí, es cierto lo que comentas, para mi la solución de casi todo suele estar en la educación. Es imposible que podamos corregir estas desviaciones desde una sociedad formada a través de unos itinerarios pedagógicos que se desarrollan de espaldas a la cultura. Sólo habilitando caminos formativos que procuren el afecto y la consideración hacia el arte, conseguiremos generar futuras y sucesivas generaciones de persones preparadas y sensibles, de una masa crítica que pueda tener interés en la creación contemporánea. Ellos serán los futuros legisladores, los futuros coleccionistas, los futuros artistas. Es imposible salir de esta precariedad si vivimos ajenos al valor del arte como característica esencial, intrínseca e inalienable del ser humano. 

4.- Dices que la sobreinformación y el ritmo rápido de vida de las sociedades desarrolladas dificulta la reflexión en torno a los programas expositivos de arte. ¿Crees que el movimiento Slow que propugna una forma de vida más lenta, saludable y sostenible podría favorecer el diálogo social en torno a la creación cultural?

Es una cuestión de velocidad, pero también de tiempo, trabajo y voluntad. Y no es que dificulte la reflexión sobre programas expositivos, es que dificulta la reflexión sobre cualquier cosa que suponga más inversión de esfuerzo de lo que el ritmo frenético que padecemos es capaz de tolerar. Basta ver cómo las personas, en la actualidad, aprehendemos y producimos conocimiento, experiencia, y los convertimos en contenidos superficiales a golpe de imagen, de emoticono o de textos que no superan la extensión de un tweet. Vemos a nuestros hijos absorber información de una manera muy distinta a como la asimilábamos nosotros y vemos las dificultades que padecen para concentrarse y para profundizar, estamos sobrepasados por los estímulos y por las posibilidades, sumidos en un desbordamiento que, en muchas ocasiones, va en perjuicio del rigor, de la aportación, del valor añadido, pero también de la salud, de la sostenibilidad y del diálogo. Una situación cuyas consecuencias todavía no están claras. Es positiva cualquier acción o planteamiento cuyo objetivo sea habilitar calma en el seno de la vorágine y permitirnos depositar tiempo y atención en nosotros mismos y en todo aquello que nos rodea.

5.- Me preocupa la falta de oportunidades para exponer que tienen los jóvenes artistas emergentes en España, puesto que parece existir una polarización por los artistas del mercado secundario, que ofrecen una rentabilidad a corto plazo. ¿Consideras necesaria la existencia de un programa colectivo de inversión de los agentes del mercado del arte en España para el mantenimiento en alza del mercado primario y para una revalorización y mejor posicionamiento de los artistas españoles contemporáneos en el mercado mundial que opere en beneficio de todos?

Poniendo en cautela esa rentabilidad a corto del mercado secundario que comentas, muy irregular y que requeriría de un análisis más amplio, creo que no es tanto la falta de oportunidades para exponer que tienen los artistas emergentes, sino más bien, para qué sirven esas exposiciones y en qué condiciones se hacen. En un país como el nuestro, con una dependencia excesiva de lo institucional, de lo público, las muestras, las propuestas, los proyectos, están más pensados para cumplir los objetivos de esas instituciones que financian y que tienen más que ver con lo político, con criterios de actividad y de cubrir programación, que con verdaderos planes estratégicos a largo plazo, elaborados por profesionales con experiencia, conocimiento y trayectoria. No se trata de exponer por exponer sin que se den las condiciones mínimas necesarias, sino de hacerlo de una manera que sirva para el desarrollo de una carrera profesional. No me refiero sólo a que se contemplen honorarios y producciones, a que se asuman los costes del proyecto, me refiero también a que se desarrollen en espacios adecuados, con la estrategia, los medios y los técnicos pertinentes, y que exista la promoción y la proyección necesaria, es decir, que forme parte de un plan serio para el desarrollo de la creación contemporánea en nuestro país. Desgraciadamente, en la mayoría de ocasiones, estos objetivos se revierten y, muchas de esas propuestas, terminan sirviendo a unas finalidades que tienen más que ver con que la institución que promueve aparente una sensibilidad que no tiene hacia lo joven, hacia lo emergente, hacia el arte y la creación, que una apuesta seria, pensada y sostenida en el tiempo para conseguir resultados duraderos y estructurales que permitan el beneficio, enriquecimiento y avance de las carreras de sus protagonistas. Sin duda, hay que preocuparse de lo emergente y de su falta de oportunidades reales, efectivas y productivas, pero también debemos preocuparnos de esa travesía del desierto que empieza justo después de la emergencia y que, muy a nuestro pesar, acompaña a un artista durante toda su trayectoria.

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