Emprendiendo la huida

Los espacios públicos de arte son cada vez más políticos y menos públicos, y esto ocurre por el fenómeno conocido como la huida del Derecho Administrativo, emprendida desde la dirección política de las Administraciones Públicas.

Los espacios públicos de arte son cada vez más políticos y menos públicos, y esto ocurre por el fenómeno conocido como la huida del Derecho Administrativo, emprendida desde la dirección política de las Administraciones Públicas.

La consecuencia de este modelo de dirección de centros de arte, a través de entes que dependen de las Administraciones territoriales, es la desaparición de la obligación de establecer un procedimiento administrativo que conceda el derecho de exponer obras de arte con todas las garantías legales a los ciudadanos que así lo soliciten, así como también de motivar públicamente la selección de los artistas expositores.

Un modelo de dirección que resulta devastador para un sector del arte que se caracteriza por la escasez de oportunidades para hacer visibles las obras de los artistas y que conduce a reflexionar sobre la utilidad de ser soberano de un Estado democrático y de Derecho si se pierden prácticamente todos los derechos al delegar el ejercicio del poder público en representantes políticos que no reconocen esos derechos como fundamentales en la Ley que es expresión de la voluntad general, sino que, a sensu contrario, aumentan su poder de dirección, sin ningún tipo de limitación, en detrimento de los derechos de quienes los seleccionan para este servicio a la comunidad.

No estaría tan en desacuerdo con esta forma de actuar, por muy autoritaria que me parezca –algunos lo llaman discrecionalidad-, si se fuera consecuente con ella y fueran espacios de naturaleza privada, pero lo cierto es que se busca por todos los medios dar una imagen de apertura en el acceso, trasladando el mensaje de que cualquiera puede enviar su proyecto expositivo para su valoración y toma en consideración por parte de la dirección a través de un correo electrónico que se puede contestar con un simple «gracias pero no». Y es que se trata de un acto de contenido imposible, porque no se puede ser artista seleccionado si la preselección está hecha de antemano por existir una colección pública de arte con todas las obras que se exponen con carácter permanente en el espacio y procesos de adquisición de obra que no es obligatorio publicar en la plataforma de contratación pública para que los artistas puedan formular sus propuestas.

Por todo lo anterior, es necesario devolver al fugitivo a su lugar de procedencia, ya que mientras siga fugado, el artista anónimo permanecerá sin derechos y en paradero desconocido. Hay que ir pensando ya en colgar el cartel de «se busca”, porque mientras no se coloque en un lugar visible, los espacios públicos de arte seguirán siendo espacios para el público pero sin el público.

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