Con obras y a lo loco

Lo más sensato para cualquier propietario de un espacio expositivo sería disponer de un seguro específico durante el tiempo que permanezcan en él las obras de arte, que cubra además los posibles riesgos y daños durante el montaje-desmontaje y almacenamiento temporal de las obras.

Lo curioso es que como no suelen ocurrir siniestros habitualmente, algunos Ayuntamientos eliminan este coste en algunas salas expositivas, como suelen ser los centros cívicos municipales, exonerándose reglamentariamente de toda responsabilidad por el deterioro o sustracción de las obras expuestas. En consecuencia, se coloca a los artistas en una situación de vulnerabilidad, al depender en su derecho a exigir indemnización por daños y perjuicios, de la diligencia de la Administración local para poner a disposición de las autoridades policiales las grabaciones de las cámaras de videovigilancia que identifiquen a los responsables.

En caso de no reclamar a terceros, aquellos artistas que aceptan esta cláusula al solicitar la asignación temporal del uso de espacios expositivos, estarán asumiendo el deber de reparar el daño o de asumir la pérdida patrimonial de las obras de su propiedad en el supuesto de que sean robadas.

No se trata de una relación muy equilibrada aquella en la que solo una de las partes asume este coste porque no le queda más remedio si quiere exponer en espacios públicos, que en algunas ocasiones es la única oportunidad que se les plantea a algunos artistas emergentes para mostrar su obra.

Parece ser que en España tienen más valor los bienes inmuebles en los que se exponen obras de arte que los bienes muebles que se depositan en ellos, puesto que sale más caro solicitar exponer que recibir obras para exponer dentro de una programación pública a coste cero.

Con obras y a lo loco, así se expone en los espacios que no cuentan con seguro específico de obras de arte.

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