Arte urbano: un objeto litigioso

Los artistas urbanos empiezan a presentar demandas contra quien elimina sus obras.

Según el Informe del Mercado del Arte Contemporáneo de 2018, cuatro de los diez creadores que más venden en subastas provienen del street art. Las obras callejeras son consideradas cada vez más valiosas y están suscitando pleitos legales por derechos de autor, que enfrentan a particulares con entidades públicas.

En primer lugar, es importante conocer que la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) protege todas las creaciones artísticas originales expresadas en cualquier medio o soporte. Por lo tanto, una pintada sí puede generar derechos siempre que cumpla con la condición de creatividad.

No obstante, nuestro ordenamiento jurídico permite a los ciudadanos reproducir las obras situadas permanentemente en un espacio público sin tener que recibir el consentimiento del artista. Eso sí, siempre que esa libertad de panorama no genere un beneficio económico en favor de terceros.

Donde hay que extremar las precauciones es en el ámbito publicitario, ya que un simple vídeo en el que aparezca un grafiti de un autor en un espacio público, puede ser considerado explotación ilícita de la obra si ésta se convierte en un componente esencial del anuncio, y en consecuencia, generar el deber de indemnizar los daños y perjuicios causados al artista.

El asunto se pone interesante en el caso de tratarse de murales autorizados en edificios públicos o privados. Pintar encima de ellos o destruir la pared que los contiene puede dar lugar a compensación económica en favor del artista, que incluso podría tener el derecho de paralizar la demolición o de obligar al propietario a mantener el grafiti.

Sin embargo, en caso de tratarse de un interés público, como la seguridad ciudadana, conviene recalcar que ésta puede prevalecer por encima de los derechos de autor si así lo decide un juez. En definitiva, se trata de litigios complejos que requieren ser examinados caso por caso y lo más aconsejable es informarse bien antes de crear arte sobre un muro pintado.

El artista Héctor Lara después de terminar el mural «La mujer que le pedía al cielo»

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